viernes, 14 de diciembre de 2012

El futuro que nos espera y el pasado que nos persigue


Buenos días,

esta semana muchos medios se han hecho eco del informe que ha publicado la ONG Intermon Oxfam sobre la crisis, la desigualdad y la pobreza que acechan nuestro país.  El informe es demoledor, pero ha sido avalado por Médicos del Mundo, Unicef, Cáritas y la red de organizaciones de acción social de la Compañía de Jesús. Entiendo que estas organizaciones saben de lo que hablan en lo que a pobreza y necesidades se refiere.

Las ONG prevén que un 40 % de los españoles estarán en situación de pobreza en menos de 10 años. Y que tardaremos más de 20 en volver al nivel de bienestar anterior a la crisis, aunque sinceramente, esto último me parece optimista, viendo el primer dato.

Generaciones perdidas, familias separadas, vidas sesgadas. Por la avaricia de unos pocos.

Soy consciente de que muchos mirarán para otro lado y dirán que este informe es una manipulación, una mentira, algo alarmista, algo imposible. Que eso no pasará aquí. Que la gente no está tan mal. Claro, es mucho más fácil pensar así, mirar para otro lado, cerrar los ojos a la evidencia, y mostrar estupefacción cuando las cosas finalmente suceden.

Estoy segura de que los ciudadanos europeos de principios del siglo XX jamás imaginaron el horror que vivirían en la primera mitad del siglo. Una Europa acomodada y moderna, que había superado los conflictos. Seguro que los judíos que vivían en Alemania, que trabajaban en sus negocios y que vivían de modo más que acomodado, conformando la clase media alta, jamas imaginaron el terrible destino que les esperaba.
Y también estoy segura de que si a muchos de nosotros nos hubiesen contado con anterioridad lo que iba a pasar el 11S, hubiésemos pensado que era un loco, un conspiranoico, que esas cosas ya no pasan en nuestro hemisferio. Y ahora nos alertan de lo que esta crisis va a suponer, y la gran mayoría de la gente no quiere saber ni escuchar ni pensar, porque "esto es pasajero" y "a nosotros no nos va a pasar". Hasta que nos pase, claro.

La historia nos muestra que todo lo que nos está pasando a los países del sur de Europa no es casual, ni novedoso. Todo esto ya sucedió en América Latina en la década de los 70: políticas neoliberales (políticas gestadas en EEUU, por cierto y casualmente premiadas entonces con un Nobel, fíjese usted, como Obama y la UE ahora) aplicadas tras hacer que la población piense que no hay otra opción, se rindan y se muestren mansos.

Allí se hizo mediante dictaduras, golpes de estado, asesinatos y desapariciones masivas de ciudadanos contrarios a esas políticas. Aquí mediante la idea de una crisis que nadie sabe de dónde ha salido, que no es culpa de nadie, o peor, que es culpa de los ciudadanos. El colmo de lo absurdo. Una crisis que quienes crearon y se benefician prometen que van a solucionar a quienes la sufren, mientras la sufren cada día más.

En América Latina vieron como se llevaban a cabo privatizaciones de bienes públicos, de empresas de suministros y transportes. Medidas que beneficiaron a los intereses extranjeros, en especial a EEUU (país gran defensor de esas políticas liberales, que no tuvo reparos en financiar a golpistas en Chile o Argentina por ejemplo, a cambio de conseguir influencia en las dictaduras posteriores). Los asesores económicos adoctrinados por EEUU conseguían puestos de poder económico y procedían a la venta de todo lo público, según sus ideologías y siguiendo los "consejos" del FMI sobre endeudarse, sobre recortes y sobre  privatizaciones . Y ahí estaban las multinacionales estadounidenses para comprar todo lo vendible, claro.

Esto ha dejado cicatrices imborrables en sudamérica. Millones de emigrantes, de pobres, de muertos. Familias destruidas. Países arruinados, arrasados. Servicios públicos deficientes, mermados, inexistentes. Trabajadores sin derechos, ni protección. Analfabetismo, mínima escolarización y formación de las clases bajas, las más numerosas.

Los derechos y la soberanía de América Latina han sido violadas durante años por personas que ansiaban tener poder político compinchadas con las que desean dominar la economía mundial.

Hoy en día, 40 años después, Sudamérica parece estar recuperando el ritmo. La revolución bolivariana liderada por Hugo Chávez en Venezuela, quien no duda en calificar a EEUU como un país soberanista, destructivo e invasor, supuso un cambio en la mente de muchas personas, y una corriente que se ha extendido por toda América Latina. El plan a largo plazo es crear una especie de Unión Europea, un mercado común basado en la colaboración entre países, para terminar con las desigualdades entre ellos y poder crecer.

Muchas voces son críticas con Hugo Chávez. En su país y en el extranjero. Hay muchos intereses en juego. Ha señalado a las multinacionales como causantes de la gran pobreza de los pueblos, y las ha obligado a irse parcialmente, recuperando sectores clave para el bien común, como es el caso del petróleo. 
Mi opinión es que muchos de los que critican a Chávez realmente no tienen información para analizar: han sido manipulados por medios de comunicación que a menudo forman parte de grandes grupos de comunicación internacionales, cuyos accionistas mayoritarios son fondos de inversión, que muy posiblemente también invierten en las multinacionales repudiadas por Chávez.

Otra opción es hablar con los que se han ido de Venezuela, por cierto, uno de los países con menor emigración de Latinoamérica. Muchos critican la falta de libertad. Se van a países "desarrollados" porque ofrecen libertad y posibilidades de desarrollo.
Cuando Salvador Allende llegó el poder en Chile, las clases acomodadas echaban fuego. Muchos se fueron. Supongo que no dirían nada bueno, claro. Se ejecutaron muchas medidas que controlaban el poder económico de las clases altas y favorecían a las obreras, medidas que leyéndolas, me parecen de justicia social. A muchos terratenientes se les expropiaron las propiedades; bajo la premisa de que la tierra es de quien la trabaja, los trabajadores de esas explotaciones, que vivían en condiciones de semiesclavitud y pobreza, se organizaron en cooperativas. Se protegieron los derechos de los trabajadores. El gobierno daba leche gratuita por cada niño, para mitigar la extrema pobreza. Se eliminó el pago por el uso de hospitales y medicamentos. Muy parecido a lo que está haciendo Chávez. Los no afines a él se van fuera, y claro, qué van a decir (estoy hablando de las medidas económicas únicamente). 

La economía chilena vivió un crecimiento del 12% durante el primer año de Allende en el poder. Luego comenzó el boicot de la derecha, un boicot económico que desplomó la economía, que redujo los suministros de alimentos, que ocasionó colas interminables para comprar alimentos, una fuertísima subida de precios, hambruna. Todo, con tal de hacer caer un gobierno. Ciudadanos poderosos asfixiando a ciudadanos pobres. Porque cuando se trata de dinero y poder, no hay patria que valga, por mucho que la derecha tienda a rasgarse las vestiduras hablando de patria.

Allende estaba sólo. Chávez cuenta con apoyos de otros presidentes, es más complicado.

Toda la historia de América Latina debería hacernos darnos cuenta de que quienes se están beneficiando de esta crisis, quienes la crearon imponiendo determinadas políticas, no son quienes la van a solucionar. Los recortes no sirven, la austeridad no sirve, las privatizaciones no sirven, las subidas de impuestos tampoco. Todo ello solo sirve para incrementar la brecha entre ricos y pobres. Esto YA está pasando.

http://ep01.epimg.net/sociedad/imagenes/2012/12/12/actualidad/1355337410_243341_1355427599_sumario_normal.png 

No somos diferentes a América Latina, solo estábamos en el lado beneficiado por la crisis del hemisferio sur. Ahora esto se ha dado la vuelta y los ricos ven un buen filón en los acomodados ciudadanos europeos, confiados en que eso no les pasará a ellos y que la crisis es pasajera. Aletargados, tardarán mucho tiempo en asumir el ataque económico que están sufriendo, en darse cuenta de que realmente el retroceso es una realidad, en asumir que han cercenado su futuro. 

Cuando la mayoría se de cuenta, ¿cuánto habremos perdido ya?

Mucha gente quiere crecer, quiere prosperar, ganar más dinero, poder comprar cosas, darse caprichos, vivir cómodamente. En eso consiste este sistema, y hemos sido educados para sentir que eso es lo normal, ese es el ideal al que aspirar, vivir despreocupadamente, disfrutar, divertirse. Pero ¿podremos hacerlo cuando la mitad de la población de este país viva sin apenas dinero, sin apenas ropa, sin apenas comida, sin posibilidades? ¿o te parecerá justo que se garantice un mínimo de derechos? Llegado ese momento, tendremos que preguntarnos ¿qué debe primar, el derecho a crecer en beneficios o a crecer en derechos?

Esto ocasiona la mayoría de las críticas por parte de los pudientes a los dirigentes de países que destinan la mayoría de los recursos a mitigar la pobreza: que no se protegen sus intereses, sus negocios, su derecho a crecer, al libre mercado, a ganar más. Tenemos la idea de que vivir bien es el lujo, el consumo, las luces de colores, la fiesta. Hollywood, Las Vegas, Dubái. Aunque sepamos que se han construido explotando a gente, utilizando los esclavos modernos. Aunque sepamos que dos calles más allá de la avenida de brillantes luces y excitantes posibilidades, la pobreza y la miseria viven en la oscuridad. EEUU es uno de los países con mayores desigualdades del mundo desarrollado. Y aún así, a muchos les sigue pareciendo un país a imitar.

Debemos empezar a reflexionar sobre estas cosas para superar el lavado de cerebro al que nos han sometido, antes de que sea demasiado tarde.

El tiempo se agota y las posibilidades también.


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